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martes, 11 de agosto de 2015

EL GUADALQUIVIR FORTIFICADO (I):

EL BALUARTE DE SAN SALVADOR DE BONANZA, EN SANLÚCAR DE BARRAMEDA

Marcos Pacheco Morales-Padrón

Durante el “Descubrimiento” o “Encuentro” con América, la organización de todo el trasvase comercial y humano que ello originó, hizo aumentar considerablemente el tráfico marítimo/fluvial en el Guadalquivir como nunca antes se ha repetido. Esta riqueza sobre el mar y el río, atrajo la codicia y envida de muchos piratas y naciones extranjeras. Ante este temor que se hacía realidad, durante la segunda mitad del siglo XVI y principios del XVII la Corona se vio en la necesidad de fortificar las ciudades en las que los galeones recalaban. A los puertos americanos como el de Veracruz, El Callao, Portobello, La Habana o Cartagena de Indias, en la Península se les sumaron los de Barcelona, El Ferrol, Cádiz, Las Palmas de Gran Canaria o Sanlúcar de Barrameda, para éste último, en concreto, Bonanza.



Pero antes de que bajo los reinados de Felipe II, Felipe III y Felipe IV se proyectaran estas grandes obras, la desembocadura del Guadalquivir ya contaba con varias defensas. Citamos como las más poderosas el castillo de Santiago y el baluarte del Espíritu Santo. A estas construcciones les seguían pequeñas fortificaciones o baterías como el bastión de Santo Domingo, los baluartes del Miradero, del Pezo y el de Barrameda. En las proximidades de Doñana y Chipiona se encontraba la torre almenara de San Jacinto y del Montijo respectivamente.



Para proteger el puerto de Bonanza y la entrada río arriba hacia Sevilla, por orden del Rey Felipe IV, el VIII Duque de Medina Sidonia, D. Manuel Alonso Pérez de Guzmán, construyó entre 1627 y 1628 un baluarte en dicha playa, el de San Salvador.



Las trazas fueron obra del arquitecto Jusseppe Gómez de Mendoza, Maestro Mayor de las fortificaciones de Cádiz. Se ha postulado la hipótesis de que se construyó sobre el baluarte de Barrameda, pero no existen muchas noticias precisas al respecto. Aunque a los pocos meses de iniciarse las obras se tuvieron que interrumpir por estar exhausta la hacienda del Duque, terminó acabándose el 1 de mayo de 1628. Tuvo un desembolso final de 52.160 reales de vellón, tocándole a Sanlúcar en esta cuota, como principal interesada 4.400 reales de vellón.



El baluarte de San Salvador, que no fuerte, ocupa una superficie aproximada de 750 metros cuadrados (15 toesas de largo por 6 de ancho) y tiene la típica forma de estrella de las fortificaciones de la época. Tiene cuatro vértices orientados en dirección noreste-suroeste. La fábrica del edificio es de mampuesto, salvo sillería en las puntas.



En el frente que daba al río disponía de siete cañones cuya efectividad se veía reducida, tanto por la humedad que inutilizaba la pólvora, como por el mal estado en el que se encontraban las cureñas sobre las que descansaban. A pesar de ello, no cabe duda alguna de que la posición del baluarte de San Salvador era muy estratégica, ya que todos los navíos que se aventurasen a penetrar en la barra podían ser alcanzados fácilmente por su artillería. Además, tenía instalados los cañones casi a ras de agua, lo que le permitía tener tiro rasante sobre los barcos cercanos y con ello, tener un efecto bélico enorme.



Los dos baluartes situados hacia el lado de tierra cuentan en sus esquinas con garitas fabricadas con sillares de piedra ostionera, muy habitual en la zona. De estas surgen grandes ménsulas, lo que da que pensar que las que actualmente están a la vista son posteriores a la construcción del edificio, o bien que disponían a su alrededor de un parapeto en voladizo.



En la cortina del lado de tierra se encuentra la puerta, en su día posiblemente dotada de un pequeño puente levadizo. En la parte superior, hoy desaparecida, estaría situado el torno para accionar el puente levadizo. Las jambas de la puerta también están fabricadas con piedra ostionera.



Además de las troneras orientadas hacia la barra del Guadalquivir, dispone de dos en la cortina del lado de tierra para batir de flanco la misma y defender el acceso al recinto. Tristemente, el parapeto de los baluartes y la cortina que mira hacia la barra está actualmente desaparecido.



En su interior sólo tenía un almacén y un cuarto para la guardia de artilleros, que eran doce. Junto al baluarte sureste se encuentra una pequeña cisterna para el suministro de agua potable. Con más fortuna, aún se conservan restos de la solería original, formada por losas de granito de unos 10 centímetros de espesor.



La penuria económica no dio para más, y la obra que tenía que convertirse en ama de llaves del Guadalquivir se quedó pequeña. Por ser insuficiente para la gran misión para la que se hizo y por solo poder contener unas pocas piezas de artillería, pronto resultó insuficiente para las funciones a las que estaba destinado, suponiendo esto su temprano abandono.



Si como hemos recalcado antes, su posición hacía de su pequeño tamaño un acertado punto artillero, el lugar en el que estaba enclavado ocasionaba no pocos problemas. El baluarte de San Salvador siempre se ha hallado hostigado por la arena, ocasionando en varias ocasiones el costoso trabajo a muchos esclavos de limpiar sus muros. Estos continuos problemas mermaban la fortificación, cuyos materiales y pertrechos en muchas ocasiones solían enviarse al del Espíritu Santo, y con razón, por ser más necesario y útil para custodiar la barra y boca del Guadalquivir.



En el período de la Guerra de la Independencia, en 1810, las tropas napoleónicas entraron sin ningún tipo de resistencia en Sanlúcar de Barrameda, estableciendo su cuartel general en el castillo de Santiago y resguardando con soldados los lugares más estratégicos de la ciudad, como el baluarte del Espíritu Santo y el de San Salvador. A la toma de la plaza en 1812 por las tropas aliadas españolas, portuguesas e inglesas, estos últimos decidieron volar el baluarte del Espíritu Santo bajo el pretexto de que si volvían los franceses no pudiesen servirse de este como lo habían verificado anteriormente. Mejor suerte que esta corrió la de Bonanza, pues quedó en pie aunque en desuso. A partir de entonces, ya inutilizadas o desaparecidas las demás defensas de la zona, la protección del acceso a la desembocadura del Guadalquivir corrió a cargo del pequeño baluarte de San Salvador.



Con el imparable avance que la tecnología militar experimentó a finales del siglo XIX, las defensas costeras abaluartas se quedaron obsoletas en pro de las baterías de costa. A partir de entonces, tiene lugar el mayor declive de esta fortificación. Será durante este período cuando en la zona pasa a ser conocido como el castillo de la Pantista, por haberlo utilizado como residencia, tras cumplir su condena, una delincuente así apodada, que lo ocupa por el resto de sus días. Tras ella, continuará habitándose hasta 1940.



Aunque en 1985 fue declarado Bien de Interés Cultural en su categoría de Monumento, muchas veces los tecnicismos y buenas intenciones de nada sirven. En el presente, del baluarte de San Salvador sólo se aprecian dos paramentos abaluartados y terraplenados que miran al mar y a Bonanza, pero la totalidad de la construcción, que es de forma perfectamente cuadrada, no se ve porque está oculta por las arenas que han hecho el milagro de conservarlo, unido a la dureza de su piedra ostionera.



La situación del edificio es de progresivo deterioro, sin que las autoridades competentes hagan nada por su recuperación y puesta en uso. Es parte de nuestro patrimonio e historia, sin embargo está ahí derrumbándose, sin tener en cuenta que si nosotros mismos no velamos por nuestra historia, nadie no lo hará.



Pero, casi 400 años después, allí sigue, vigilando la desembocadura. Cuatro siglos de historia abandonado e ignorado por una ciudad que olvidó su pasado viviendo el presente. Firme a la orilla del río más importante de Andalucía, viendo pasar todos y cada uno de los barcos que lo surcan. Construido para dar protección y ahora sin más cuidado que la que da la naturaleza que lo rodea.


FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA EMPLEADA


-      GÓMEZ DÍAZ, Ana María. Guía histórico artística de Sanlúcar. Sanlúcar de Barrameda: Asociación Sanluqueña de Encuentros con la Historia y el Arte (A.S.E.H.A.), 1993.

-           CALDERÓN QUIJANO, José Antonio. Fortificaciones y Espadañas de Sanlúcar de Barrameda. Sevilla: Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, 1988

-         CALDERÓN QUIJANO, José Antonio. Las defensas del Golfo de Cádiz en la Edad Moderna. Sevilla: Anuario de Estudios Americanos, 1974.

-        CALDERÓN QUIJANO, José Antonio, FERNÁNDEZ CANO, V., SARABIA VIEJO, M.J., HERNÁNDEZ PALOMO, J.J. Cartografía Militar y Marítima de Cádiz. 1513-1878. Volumen II. Sevilla: Universidad de Cádiz, 1978.

-       VELÁZQUEZ GAZTELU, Juan Pedro. Estado marítimo de Sanlúcar de Barrameda (1774). Manuscrito en la Biblioteca Real. Consultada la edición facsímil. Sanlúcar de Barrameda: A.S.E.H.A., 1998.

-       BARBADILLO DELGADO, Pedro. Historia de la ciudad de Sanlúcar de Barrameda (1942). Consultada la edición facsímil. Sanlúcar de Barrameda: Delegación de Cultura y Escuela-Taller Tartessos del Excmo. Ayuntamiento de Sanlúcar de Barrameda, 1989.

-        ARÉVALO RODRÍGUEZ, Federico. La arquitectura para la defensa de la desembocadura del Guadalquivir en el momento del traslado de la Casa de Contratación a Cádiz en El Rio Guadalquivir. Del mar a la marisma. Sevilla: Consejería de Obras Públicas y Transportes de la Junta de Andalucía, 2011.

-           Fuerte de San Salvador – Gerión Sanlúcar.


-           Baluarte de San Salvador – Curiosidades de Sanlúcar.


-           Juan Pedro Velázquez Gaztelu: Baluarte de San Salvador – Bonanza según…