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martes, 9 de junio de 2015

LA HERMANA TÍMIDA DE LA TORRE DEL ORO

Marcos Pacheco Morales-Padrón

Todos hemos oído hablar sobre la Torre del Oro pero, ¿sabíais de la existencia de la Torre de la Plata?



Considerada tras la Giralda y la Torre del Oro como la tercera de las grandes torres medievales de Sevilla, también es tristemente uno de los monumentos más desconocidos de la ciudad.



Se trata de una fortificación ubicada en la calle Santander y a escasos 100 metros de su hermana mayor, la Torre del Oro. De planta octogonal con lados irregulares y de tres pisos, el inferior servía de aljibe para la recogida de aguas. Las plantas se cubren con bóvedas de crucería con nervaduras que se unen en una clave poligonal. Fue levantada como la del Oro en el siglo XIII, aunque ha habido polémicas en torno a su autoría, ya que algunos autores la sitúan en época Cristiana. Lo cierto, es que su primera fase es almohade, aunque sufrió una posterior restauración y remodelación en su interior una vez ya conquistada la ciudad.



La Torre tenía valor defensivo y de vigilancia como el resto de los 166 torreones de la ciudad. Única en su fábrica, contaba con doble lienzo de muralla y foso. Cerraba el paso al Arenal y reforzaba las defensas de la Puerta de Jerez. Permaneció unida a la Torre del Oro mediante una muralla urbana o interior, la coracha, que se extendía hasta los Reales Alcázares, hasta que fue demolida en 1821 por obras de ensanche en el actual paseo Colón.



Especial mención merece el recorrido y composición de la mencionada coracha. Estaba jalonada por una serie de torres en tamaño decreciente donde el álgebra cobraba gran importancia. Es curioso observar que el número de lados de cada una de estas torres aumentaba en progresión aritmética en dirección al río. Dos de ellas se encuentran en el antiguo edificio de la cilla del Cabildo, en la calle Santo Tomás (4 lados). La tercera es la llamada torre de Abdelazis o del Homenaje (6 lados), donde cuentan las leyendas que fue allí donde el rey San Fernando colgó su pendón real al tomar la ciudad. La siguiente torre, la recientemente hallada del Bronce  (8 lados), se encuentra adherida a un restaurante y de ella solo nos queda el basamento. Le sigue nuestra protagonista, la de la Plata (10 lados). Finalmente, en el extremo de las defensas se construyó una torre albarrana, la del Oro (12 lados). El motivo de la progresión de estas torres en cuanto a solidez y capacidad, radica en que cada vez estaban más lejos de la principal defensa de la ciudad, que era el Alcázar.




Respecto al origen de la Torre de la Plata, son muchas las versiones que se barajan sobre su curioso apelativo. Por una parte se le da ese nombre por su proximidad a lo que en su día fue la ceca de Isbilya, en la que se acuñaba la moneda de curso legal. Otras que cuando Fernando III conquistó la ciudad fue rebautizada como Torre de la Victoria, nombre que no estuvo muy presente en el acervo popular, que pronto pasó a llamarla “de la Plata” en contraposición al nombre que recibía su vecina. Otra más  afirma que en tiempos de Alfonso X también era conocida como torre de los Azacanes. El cronista Luis de Peraza, del siglo XVII, dice así: “a esta torre le llaman de la plata, según se afirma, por la plata que guardaba”; información más propia de un libro de fantasía o leyendas. Por último, es más factible aceptar la teoría del otro cronista del XVII, Diego Ortiz de Zúñiga, cuando explica que el nombre le vino por estar encalada, “pues semejante blancura semejaría tersa y bruñida plata”. Para secundar esta teoría, el cuadro de Nicolás Jiménez Alpériz, "Vista de la Catedral de Sevilla desde el Guadalquivir", de 1893, sitio en nuestro Museo de Bellas Artes, nos muestra como la fortificación se encontraba totalmente encalada de blanco. De esta manera, probablemente en su origen, los paramentos de la torre estuvieron cubiertos por un enlucido blanquecino, de ahí el nombre de Torre de la Plata con el que siempre se ha conocido a esta atalaya.



Tras el cambio de dueño, los nuevos moradores tuvieron en mayor consideración a la Torre del Oro, a la que transformaron en aspecto. Menos suerte tuvo la Torre de la Plata, ya que cuando las murallas perdieron su utilidad como elementos de defensa, sus muros sirvieron como soporte a multitud de nuevos usos. En concreto, desde principios del siglo XVI esta torre se vio rodeada de almacenes y casas, con la consiguiente pérdida visual de su porte y arquitectura. En los siguientes años aparecería incluida en el antiguo corral de Segovia sin uso ninguno hasta la centuria siguiente, cuando fue alquilada junto a otras edificaciones colindantes.



Especial consideración merecen las casas adosadas a la torre con fachada a la calle Santander, ejemplo de las corrientes arquitectónicas introducidas en Sevilla a comienzos del siglo XVII por los maestros manieristas italianos, como Vermondo Resta, autor de las mismas. Como curiosidad, fue este mismo arquitecto milanés el que diseñó la portada del apeadero los Reales Alcázares, sitio en el patio de banderas y hoy salida del mismo.



Con motivo del derribo de las puertas y murallas de la ciudad, acaecidas al calor de la revolución de La Gloriosa, en 1868 quedó totalmente aislada de la Torre del Oro, y a partir de ahí su declive y abandono fue progresivo. Rodeada de edificaciones que no permitían su visión desde la calle, creció a su alrededor el corral de las Herrerías, concebido como espacio ideal para desarrollar una serie de viviendas que diera cabida a un contingente de población de bajo poder adquisitivo.



Desde entonces y hasta hace unas décadas, sus interiores sirvieron como vivienda de indigentes, quedando escondida su silueta. Afortunadamente, fue restaurada parcialmente en 1992 tras una inversión de 47 millones de pesetas y doce meses de trabajos. Para ello se derribó el garaje Torre del Oro, que fue sustituido por un aparcamiento al aire libre que, al menos, permite ver de cerca la atrapada torre.



Actualmente sus dos planas inferiores forman parte de las dependencias de las oficinas municipales de economía y empleo, mientras que a la planta superior, vacía, solo se puede acceder a través de la azotea colindante. Si el edificio de Helvetia Seguros no se hubiera construido, la visión desde la orilla de Los Remedios o Triana de las dos torres, la muralla y la Catedral con la Giralda al fondo serían del todo excepcionales. Lástima que para algunas construcciones modernas hayamos guardado la piqueta.



Es casi milagroso que siendo como es el trato que Sevilla dispensa a sus monumentos, la Torre de la Plata haya sobrevivido tanto tiempo sin apenas cuidados. Declarada desde 1949 como Patrimonio Histórico Español, esta catalogación le ha ayudado a que desde hace ya varios años tanto la torre como su entorno inmediato, hayan sido consideradas en estudio para su mejor revalorización. Pero aquí, el papel mojado se lo lleva el Guadalquivir.




En Sevilla puede que no nos gusten las modernidades, pero tampoco saber de nuestras antigüedades. Una ciudad milenaria que ha adoptado muchas formas y nombres, pero que siempre ha practicado la misma dejadez por sus monumentos. En fin. ¿Cuánto patrimonio hispalense seguiremos arrinconando cuales parias de nuestra rica historia? ¿Cuánto tiempo más tendrá que esperar la Torre de la Plata y su entorno para volver a reintegrarse en la ciudad?



Un mal capitulo no significa que sea el final de la historia, y esta Torre forma parte de ella.


FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA EMPLEADA


-         AMADOR DE LOS RÍOS, José. Sevilla pintoresca o descripción de sus más célebres monumentos artísticos. Barcelona: Ediciones El Albir, S.A., 1979.

-     VV.AA. Sevilla almohade. Sevilla/Rabat: Fundación de las tres culturas del Mediterráneo. Universidad de Sevilla. Junta de Andalucía-Consejería de Obras Públicas y Transportes. Ayuntamiento de Sevilla-Gerencia de Urbanismo. Universidad Hassán II de Mohammedía-Facultad de Letras, 1999.

-           Torres de Sevilla – ABC de Sevilla


-           Sevilla rescatará la Torre de la Plata – ABC de Sevilla


-           El italiano que ocultó la Torre de la Plata – ABC de Sevilla