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domingo, 31 de mayo de 2015

UNA GIRALDA COMO PRIMER RASCACIELOS DE MANHATTAN

Marcos Pacheco Morales-Padrón

Todos conocemos la universal Giralda, una obra almohade culminada en el Renacimiento por Hernán Ruiz II y que es el emblema de la ciudad hispalense. Pero lo que no es tan conocido es que este antiguo minarete tuvo una réplica en Nueva York. La reproducción americana fue la primera de las muchas que se harían por todo el mundo.



Construida en 1890 como emblema del segundo Madison Square Garden, fue un proyecto de Charles McKim, William Rutherford Mead y Stanford White. El edificio supuso un importante reconocimiento para el equipo de arquitectos, convirtiéndose en algunos de los más prestigiosos de finales del siglo XIX.



La construcción tuvo un coste de tres millones de dólares, inaugurándose fastuosamente el 16 de junio de 1890 con la participación de la orquesta de Viena. En ella se desarrollaron numerosos acontecimientos sociales y económicos que marcaron la evolución de los Estados Unidos de América y de muchas de las tendencias que hoy dominan la vida de la Gran Manzana. En su interior se desenvolvieron los negocios y las fiestas de gran parte de la clase alta neoyorquina de la época. La famosa sala multiusos lo mismo servía para celebrar combates legendarios de boxeo que convenciones políticas o grandes conciertos de música popular.



Esta réplica, algo más alta que el original (102,3 metros de altura), dominó durante muchos años el cielo de Manhattan al igual que su homóloga sevillana en España y Europa. La torre incluso servía de señal luminosa. Durante los espectáculos, centelleaba con luces intermitentes y su altura era barrida por haces de grandes focos en movimiento, de tal forma que todo Nueva York sabía que había actuación en el Madison. La prensa se volcaba en elogios.



La interpretación anglosajona tenía un esqueleto de hormigón, pero estilizó y simplificó sus cuerpos sustituyendo las complejas y ricas tracerías del original islámico por una superficie más lisa de ladrillo. La parte superior seguía más de cerca los añadidos renacentistas que se le hicieron a la Giralda original, coronándose por una estatua semidesnuda de la diosa Diana, que hacía las veces de Giraldillo. De cuatro metros de altura, actualmente se conserva en el museo de Bellas Artes de Filadelfia. Como curiosidad, es probable que la mujer que sirviera de modelo para esa escultura fuera la Evelyn Nesbit.



Precisamente, fue esta actriz la que protagonizó uno de los crímenes más famosos de la reciente historia de los Estados Unidos. Evelyn estaba casada con Harry Kendall Thaw, pero ella mantenía un romance con el ya citado arquitecto Stanford White. Cuando Thaw se enteró de esta relación, se dirigió al Madison Square Garden. Encontró a Stanford cenando en la terraza superior de la Giralda y le disparó tres veces en la cabeza el 25 de junio de 1906. Este trágico suceso llegó a ser calificado como el crimen del siglo, dada la popularidad de los personajes.



No obstante, el edificio nunca repartió beneficios, ya que ninguno de los espectáculos era capaz de proporcionar una taquilla suficiente para equilibrar el enorme volumen de gastos de un lugar concebido con tanto lujo y complejidad. Finalmente, en 1908 fue puesto a la venta.



Entonces, el Madison Square Garden pasó a poder de la compañía de seguros New York Life Insurance Company, que lo mantuvo hasta 1925. Sin embargo, tan sólo 35 años después de haber sido construida, y dada la enorme presión urbana sobre la zona, se determinó su demolición. En su lugar sería levantado el segundo Madison Square Garden que, años más tarde, también sería derribado para construir el actual en otra ubicación. La piqueta acabó con el único edificio con acento andaluz que una vez apuntó al cielo de Nueva York.



Este derribo generó una oleada de protestas y sensibilizó a la opinión pública norteamericana sobre la necesidad de conservar edificios singulares aunque su antigüedad no fuese notable. Por fortuna, para nuestro deleite y consuelo existen más réplicas de este edificio en otras ciudades del mundo.



Existen aún más "Giraldas" repartidas, además de multitud de construcciones inspiradas en el viejo alminar almohade de Sevilla como por ejemplo, la universidad de Moscú, la Terminal Tower de Cleveland o la torre de la Universidad Laboral de Gijón, entre otras muchas.


FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA EMPLEADA


-         CARRASCO, Diego. La Giralda de Nueva York 1890-1925. Sevilla: Boletín FIDAS - Número extraordinario, mayo 2001.

-           Giralda Towers in the United States – New York Architecture


-           La Giralda olvidada de New York – ABC de Madrid


-           Saint-Gaudens’ Diana to be regilded - Thehistoryblog.com


-           Historias andaluzas de Nueva York - Brunoalcaraz.blogspot.com.es

sábado, 23 de mayo de 2015

AMERICANIZAR SEVILLA A TRAVÉS DEL GUADALQUIVIR

Marcos Pacheco Morales-Padrón


Explicar un rincón de Sevilla es explicar un trozo de América. No en el sentido de encontrarse en tal continente, sino de ser gestora de una comunidad histórica, una pangea de países y pueblos con un mismo pasado: la gesta del Descubrimiento o “Encuentro” de América.


"Vista de Sevilla" (1600), del pintor Alonso Sánchez Coello. 
Museo de América de Madrid

Sevilla fue más que la “Puerta y Puerto de las Indias”, se convirtió en el catalizador de la primera globalización. Desde el Arenal, la ciudad se dio a conocer como mejor ha sabido hacer: a través de un barco. Sin embargo, estas palabras se encontrarían vacías de significado si no hiciésemos justo homenaje al factor determinante del americanismo en Sevilla, el Guadalquivir. El camino que esta ciudad emprendió no sería legible sin el papel rector de sus aguas. Gracias a él, las naos y galeones descubrieron “la China” de su tiempo, el continente americano. En el presente, los sevillanos del siglo XXI aún no han partido a conocer “la China” de su momento, el río.


"Vista general de Sevilla" (1585), de Ambrosius Brambilla.
Colección FOCUS-ABENGOA.

Mirándonos al espejo de la historia local, con más razón este agente natural tiene que volver a convertirse en el imán que atraiga la semilla de las riquezas. Las aguas que internacionalizaron Sevilla, constituyeron el ser de esa “Ciudad del Quinientos” que Morales Padrón nos redescubrió. No obstante, retomar esta empresa se hace harto complicado, pues hoy en día el río parece brindar escasos atractivos a los sevillanos, inconscientes de sus ventajas. Aquí siempre suena la misma cantinela, y nos negamos a pensar que el río es vena y a su vez rico filón de no solo la capital, sino de toda la provincia.


Detalle de "Panorámica de Sevilla desde Triana" (1617). Anónimo.
The British Museum.

523 años después de aquel insólito encuentro entre castellanos e indígenas, 503 años desde que en las dependencias del Real Alcázar se estableciera la Casa de la Contratación y 298 años desde que la ciudad perdió el monopolio con las colonias del Nuevo Mundo en favor de Cádiz, ¿cómo es que desde entonces Sevilla no le ha dedicado ningún espacio o monumento a los bulbos de su histórica fama?


Grabado del puerto de Sevilla (1740).

Entre 1512 y 1648, a Sevilla debía arribar “todo” lo proveniente del continente americano. La ciudad, por gracia de un río, se convirtió en bisagra y garganta entre dos mundos. Esta excepcional situación se prolongó de manera compartida con el antepuerto natural de Cádiz, hasta oficialmente 1717. En las orillas de Sevilla se han escrito algunas de las más importantes páginas de la historia de la navegación mundial, por ejemplo en 1519 la expedición protagonizada por Magallanes y Elcano que dio la primera vuelta al mundo, o en 1502 el cuarto y último viaje del mismísimo Cristóbal Colon, en el que descubrió varias islas en las Antillas Mayores y en la costa centroamericana.


"Vista de Sevilla" (1600). Anónimo.
Fundación FOCUS-ABENGOA.

A la par que la ciudad ha ignorado tales gestas que bien merecen un reconocimiento, tampoco ha propiciado, salvo honrosas excepciones, actos bilaterales o intercambios culturales con países americanos. En este aspecto, el propio sevillano no parece mostrar interés por hermanarse con sus parientes del otro lado del “Gran Charco”. Es más, ya ni siquiera reconocen a ese río del siglo XVI y XVII que les llevó al Nuevo Mundo.  


Detalle de una vista aérea de Sevilla litografía por Alfred Guesdon a partir de una fotografía realizada por Charles Clifford desde un globo aerostático a mediados del siglo XIX.

¿Cómo es que una ciudad tan narcisista como Sevilla, que continuamente se refleja en su historia, no reflexiona sobre los acontecimientos que hicieron de esta lo que hoy es? ¿Dónde olvidamos los justos reconocimientos históricos? ¿Hasta cuándo rotularemos calles y bibliotecas con nombres de vírgenes o expresidentes?




Sevilla le debe más de un homenaje al continente americano y al Guadalquivir. Al igual que el Tíber, el Indo, el Tigris, el Amarillo, el Nilo o el Éufrates, el Betis ha sido un río hacedor de historia y albergador de culturas. Río y ciudad, como Sevilla y América, van estrechamente hermanados en su razón de ser y existir.  La iconografía marmórea debería de haber recogido estos dos elementos esenciales de la historia de Sevilla, pero no lo hizo. Y el único río navegable de España, así como la etapa de mayor esplendor de este país, no han merecido que los artistas personificaran sus imágenes o hechos principales en plazas, calles o fuentes cualesquiera como sucede en la romana Piazza Navona. Porque ya lo dicen por ahí, Sevilla es desagradecida en muchos aspectos.


"Lonja de comercio con la Catedral al fondo." (1700-1705). Pieter van den Berge
en "Theatrum hiapaniae" Ámsterdam.

Esta ciudad necesita un espacio cultural que sirva de enlace entre el continente americano y el europeo. No un archivo como el fantástico de Indias que tenemos, no, con ello me refiero a una zona museística que recoja la “gesta americana” y el papel de la capital del Guadalquivir. Por desgracia, ese espacio cultural ya existe, pero no se encuentra en nuestra ciudad, sino desde 1944 en Madrid; se trata del Museo de América. Este “deslocalizado” museo debería de haberse instalado en Sevilla, casa rectora y verdadera matriz del “Descubrimiento”, pero parece ser que en aquella fecha los sevillanos no lucharon por su protagonismo. No obstante, este vacío ha sido parcialmente subsanado con el remodelado Pabellón de la Navegación, que acoge un museo enfocado a los más jóvenes sobre la náutica y América.

"Vista de Sevilla" (1638). Mathaus Merian.

El reto de la ciudad para las próximas décadas, culturalmente hablando, pasa por rehabilitar las Reales Atarazanas para que sean adaptadas como espacio museístico enfocado en América y sus relaciones con España. Podría convertirse en un referente a nivel europeo y mundial sobre las antiguas relaciones entre colonias y metrópolis. A la par de este desaprovechado lugar, se echa en falta la recuperación de la Casa de la Moneda, pasando por la Torre de la Plata, el Real Almacén de Maderas o la Real Fábrica de Artillería de San Bernardo, también grandes ejemplos de la historia americana de Sevilla.

"Vista de Sevilla" (1660). Pieter Hendrickksz Shut.

Revalorizando estos espacios en triste abandono, más los que ya tenemos, podremos apreciar la calidad de esta ciudad para hermanarla cultural e históricamente con todo un continente, pues razones no nos faltan. El mejor ejemplo de esta simbiosis está en la Real Fábrica de Tabacos, la Torre del Oro, el Archivo General de Indias, los Reales Alcázares o el palacio de San Telmo, pues han sido embajadores de esta ciudad en las páginas americanas de Sevilla.



Cinco siglos después de que Cristóbal Colon hincara su rodilla en la isla de La Española, hoy Santo Domingo, en esta ciudad parece que se ha perdido aquel espíritu de la Sevilla de oro y plata. Sin embargo, nuevos tiempos parece que acompañan a la Sevilla del siglo XXI, pues barcos con ricas mercancías vuelven a surcar el Guadalquivir con un solo propósito: descubrir a la descubridora Sevilla.