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jueves, 23 de octubre de 2014

LAS HUEVAS DE ORO DEL GUADALQUIVIR

Marcos Pacheco Morales-Padrón

Un esturión capturado "posa" con sus captores.
(FUENTE: Libro, EL RÍO GUADALQUIVIR)

Últimamente se habla mucho del Puerto de Sevilla debido al polémico dragado del río pero, ¿qué hay de las actividades tradicionales del Guadalquivir como la pesca? ¿Acaso hemos olvidado que en nuestras aguas se pescaban esturiones de gran calidad?  La captura de estos manjares se practicaba mucho antes de que llegaran los primeros contenedores a la dársena.

En España desde siempre y hasta los años 70, se pescaban esturiones por su carne y sus huevas, tanto a orillas del Mediterráneo como del Atlántico, y a lo largo del Guadalquivir, el Ebro, el Duero y el Tajo. Estos famosos ríos de la Península Ibérica eran remontados por esturiones cargados de huevas de las especies Acipenser Naccarii y Acipenser Sturio, e incluso en algunos casos el famoso Beluga, para reproducirse.

Un esturión hembra yace capturado.
(FUENTE: Página, CARPOSO)

Estos peces son, o eran, una especie migradora. Existen desde hace 250 millones de años y pueden alcanzar los 3,5 m de longitud y los 350 kilos de peso. Sólo entre el 12 y el 16% del peso de una hembra lo constituye el caviar. El resto es piel (utilizada para la fabricación de carteras), huesos (no tiene espinas) y carne. Como curiosidad, y por raro que parezca, esta especie podía alcanzar los 100 años de vida. Pasaban la mayor parte de su vida en el mar, preferentemente en zonas litorales, con profundidades menores de 100 metros. Los adultos entraban en los ríos para la reproducción y una vez finalizada esta, volvían al mar. Según el biólogo Fernández-Pasquier que examinó las variaciones anuales en el número de esturiones registrados en la factoría de Coria del Río, la abundancia de estos que entraban en el Guadalquivir se correlacionaba con el nivel de precipitaciones, siendo mayor en aquellos años en que el volumen de agua dulce era mayor. Después de nacer, estos pasaban los primeros meses de vida en el río y al final del primer o segundo año la mayoría se dirigían al mar.

(FUENTE: Página, CARPOSO)

El río Guadalquivir, como el resto de los ríos europeos, ha seguido la misma pauta. No tenemos nada que envidiarle al Rin, el Mosa o el Volga. Ya los Reyes Católicos otorgaron el monopolio de la preparación del caviar a los monjes de la Cartuja de Sevilla y el derecho de ahumar la carne de este pez a una cofradía sevillana de pescadores que tenía su domicilio en el “barrio de los ahumadores”; actualmente la collación de San Vicente o parte de Torneo.

Desde los años 30 a los 60, se desarrolló la producción de caviar del río “Betis”, siendo uno de los de mayor calidad de Europa junto con el francés. Históricamente el caviar sevillano, o coriano, fue, como en Francia o en Rusia, un manjar famoso y deseado. De hecho, existió una marca ibérica que se exportaba, con gran éxito, incluso hasta Asia. Varias toneladas se conseguían cosechar cada año. A principios del siglo XX los esturiones se capturaban en cantidad en el Guadalquivir. Tanto era así, que el caviar se tiraba a los cerdos y la carne se vendía al precio del pescado más basto.

(FUENTE: Página, CARPOSO)

Para que se hagan una idea de la riqueza piscícola del Guadalquivir, entre 1932 y 1970 se capturaron más de 500 esturiones por año. Era tan abundante la presencia de estos peces con forma de dinosaurio, que durante más de 30 años pudo existir una próspera fábrica de caviar en Coria de Río. Si en 1935 se capturaron 342 hembras, en 1950 la captura fue de solamente 104 hembras. Poco a poco, el esturión del Guadalquivir se convirtió en una rareza. Finalmente, en 1970 la factoría coriana de la familia Ybarra cerró al no obtener suficientes sollos para hacer rentable el negocio. Desde entonces se han pescado esporádicamente algunos ejemplares, el último de ellos en 1992.

(FUENTE:  Página, CARPOSO)

Las posibles causas de su desaparición pueden estar relacionadas con la presa hidroeléctrica de Alcalá del Río. Esta obra, infranqueable para ellos, les impidió desde los años sesenta alcanzar los lugares idóneos para el desove, entre Almodóvar del Río y Córdoba. Al cerrarse el paso natural del río, cambió por completo su estado hidrobiológico. Los sollos se concentraban ante las compuertas de hormigón en su intento por remontar la corriente, lo que propició que pescadores de las poblaciones cercanas aprovechasen este filón en las inmediaciones de la presa para mejorar sus pobres ingresos económicos de posguerra. Esto pudo deberse por el desconocimiento de los factores biológicos de los arquitectos que diseñaron la presa.

El 14 de septiembre de 1992 se capturó el último ejemplar en libertad.
(FUENTE: Página, VERTEBRADOS IBÉRICOS)

Por otro lado, el uso de artes de pesca destructivas como la cuchara, eliminaba alevines por toneladas. Los ribereños del Guadalquivir colocaban telas metálicas en las desembocaduras de los caños, en donde quedaba detenido todo el pescado, no pudiendo pasar las crías de esturión hacia el mar. Ambos factores, la presa y la sobreexplotación, unidos a la contaminación urbana, agrícola e industrial del tramo final del río, condujo a la práctica desaparición de estos peces del Guadalquivir. Nuestro más preciado tesoro de la fauna autóctona. Los sollos, como más se le conocía en el Bajo Guadalquivir, llevaban siglos surcando a contracorriente las aguas del Guadalquivir pero para cuando nos dimos cuenta de qué valía la pena conservarlos, ya habíamos acabado con todos ellos.

Acabamos por extinguir el sollo.
(FUENTE: Página, WIKIPEDIA)

FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA

-       MORALES PADRÓN, Francisco. Sevilla y el río. Sevilla: Biblioteca de Temas Sevillanos - Ayuntamiento de Sevilla, 1980.

-         PALANCAR PENELLA, Mariano. Guadalquivires. 50 aniversario (1927-1977) de la Conferencia Hidrográfica del Guadalquivir. Sevilla: Conferencia Hidrográfica del Guadalquivir, 1977.

-           RUBIALES TORREJÓN, Javier. El río Guadalquivir. Sevilla: Junta de Andalucía y Ministerio de Medioambiente, 2004.

-           El caviar del Guadalquivir – El Diario de Sevilla


-           Esturión – Enciclopedia Virtual de los Vertebrados Españoles


-           Los esturiones en el Guadalquivir: peces en aguas revueltas – El Gato en el Jazmín


-           Esturión del Guadalquivir (Historia) – CARPOSO




martes, 7 de octubre de 2014

"EL TITANIC SEVILLANO"

Marcos Pacheco Morales-Padrón

Cartel promocional de los viajes Sevilla-Nueva York, 1926.
(VIDA MARÍTIMA)
En un folleto publicitario de 1926 perteneciente a la Compañía Transatlántica ponía:

“Visit Romantic Spain. Servicio rápido directo: Nueva York-Sevilla. Vía el pintoresco río Guadalquivir sobre el nuevo y esplendido vapor de dos ejes Manuel Arnús”

De acontecimiento puede calificarse en los anales del turismo hispalense la entrada en 1926 en el Puerto de Sevilla, por la entonces nueva Corta de Tablada, del transatlántico “Manuel Arnús”. Aquel 6 de octubre de 1926 quedaba inaugurada la línea regular de pasajeros entre la ciudad de la pasión, Sevilla, y la de los rascacielos, Nueva York. Fue todo un acierto de la Compañía Transatlántica, que por aquel entonces era presidida el señor conde de Güell.

El "Manuel Arnús" acercándose al nuevo muelle de Tablada, 1926.
(HISTORIA GRÁFICA DEL PUERTO DE SEVILLA)

Según el magnífico blog “Vida Marítima”, el “Manuel Arnús” fue puesto en grada en 1915 en los astilleros de Barcelona, siendo entregado a sus armadores en 1923. Para que se hagan una idea, el tiempo normal de entrega de un buque de estas características era de unos dos años.

En la revista “Ibérica”, que a su vez recoge el citado blog “Vida Marítima”, se describe detalladamente las características y comodidades del crucero. Tenía una eslora de 140 metros, una manga 17,8 y un puntal de 10. Desplazaba 13.000 toneladas gracias a dos hélices que le posibilitaban alcanzar 13,5 nudos. En este apartado también, más o menos, estaba dentro de los límites racionales y de los estándares de la época. Para que se hagan una idea, los cruceros que actualmente acceden, casi noventa años después del “Manuel Arnús”, al Puerto de Sevilla, oscilan entre los 97 y 180 metros de eslora, una manga de en torno a 10 o 28 metros y un calado que no supera los 6,5 metros; 7 u ocho excepcionalmente con marea alta.

El "Manuel Arnús" en Matagorda, Cádiz.
(VIDA MARÍTIMA)

El casco del “Manuel Arnús” estaba subdividido en once mamparos estancos, dispuestos en forma tal que, aunque dos de ellos se inundasen, el buque continuaría a flote. Un doble fondo corrido de popa a proa le protegía contra la entrada de agua en caso de choque contra un banco o escollo, por su parte inferior. La marina mercante había aprendido del terrible suceso del “Titanic”.

Este crucero disponía de 80 camarotes de 1ª clase, con cuartos de baño, duchas, calefacción, ventiladores, etc. y todas las comodidades que se encontraban por aquel entonces en los mejores hoteles. Además, contaba con 40 alojamientos de 2ª clase y 38 de tercera preferente. En los sollados, cubierta inferior, podían alojarse con comodidad 1.367 pasajeros de 3ª ordinaria, para los cuales había espaciosos comedores, cuartos de baño, lavabos, lavaderos de ropa, etc. Volviendo a recurrir a la comparación, los actuales cruceros que acceden a Sevilla rondan las 30.000  toneladas y pueden albergar un máximo de 1.100 pasajeros. Como podemos ver, en 1926 cruceros de 13.000 toneladas ya eran capaces de transportar casi el mismo número de cruceristas.

El "Manuel Arnús" desde estribor.
(VIDA MARÍTIMA)

Entre las sorprendentes comodidades con las contaba, se encontraba una estación de telegrafía sin hilos cuyas noticias recibidas en alta mar se imprimían en un periódico de a bordo. El buque tenía capilla, consultorio médico, enfermería, servicio de salvamento perfeccionado, ascensores, montacargas, aparatos de desinfección, de ventilación, contra incendios, etc. Los grandes y espaciosos salones del trasatlántico estaban espléndidamente decorados con el más puro estilo del renacimiento español, y su rico mueblaje y artísticas reproducciones evocaban glorias y grandezas castellanas de otras épocas.

El gran hall era de una magnificencia incomparable; toda la parte de proa la ocupaba una monumental chimenea de piedra labrada de la época de Carlos V; el mueblaje era de roble con herrajes de bronce, y en la amplia y doble escalera de hierro forjado que conduce a los camarotes, se admiraba una copia del Carlos V del Ticiano. El comedor, el salón de música, la galería, el café de verano, el fumadero, etc., eran igualmente de puro y riquísimo estilo español y me atrevería a decir que no han sido igualados en arte y riqueza en ningún otro buque.
Salón fumador del "Manuel Arnús", 1923.
(VIDA MARÍTIMA)

Según cuenta la prensa del momento, el elegante buque, pintado de blanco semejante a los yates palacios que surcaban y surcan los mares en viajes recreativos, fue visitado por millares de sevillanos. Su entrada por el Guadalquivir fue una memorable fecha, que jamás olvidaron las personas que lo presenciaron.

A bordo del “Manuel Arnús” concurrieron, en los dos días que permaneció atracado en el nuevo muelle de los almacenes de la Corta, el público “bien” de la capital, como bien citaba la prensa; tal calificativo se refería a las autoridades locales. A bordo tuvo lugar una comida en honor de las mismas y un te-baile, en el que tomaron parte distinguida las damas de la alta sociedad sevillana. En representación de la Compañía Transatlántica hicieron los honores a los visitantes el Sr. Satrústegui, el marqués de Monteflorido, delegado éste en Sevilla de aquella importante entidad, y el capitán del transatlántico.

El "Manuel Arnús" atracado junto al puente de Alfonso XIII, 1926.
(ARCHIVO ABC DE MADRID)

Obviamente, no tenía la envergadura del Titanic, pero sin duda era un barco de lujo, que pretendía atraer a turistas norteamericanos millonarios, en un paquete que incluía una visita romántica por España. Esto no tiene nada que ver con los transatlánticos actuales modelo "bloque de pisos" en medio del mar, con hacinados pasajeros en chanclas y chándal, con visitas relámpago de unas horas a capitales europeas. Esto era viajar de verdad, donde el pasaje cenaba de etiqueta donde  tenían todo el tiempo del mundo.

El "Manuel Arnús" recién atracado en el nuevo muelle, 1926.
(ARCHIVO ABC DE MADRID)

La travesía entre Nueva York y Sevilla duraba diez días y cuando llegaban a nuestra ciudad, tenían otros once días para realizar visitas guiadas en la ciudad, Córdoba y Granada, así como Toledo y Madrid. Si así lo deseaban, disponían de todo tipo de transportes y estancias en hoteles de lujo. Era un concepto diferente, más allá de las ciudades costeras, sino todo un viaje hacia el interior de las ciudades más emblemáticas y turísticas de España, con la vista puesta en la Exposición Iberoamericana de 1929.  El invento no tuvo mucho éxito y poco a poco se fue limitando a un transporte de lujo.

Salón comedor del "Manuel Arnús", 1922.
(VIDA MARÍTIMA)

Como nota curiosa, el 12 de junio de 1930 el poeta Federico García Lorca dejaría Cuba embarcando en el “Manuel Arnús” que, tras hacer escala en Nueva York, arribaría al puerto de Cádiz 18 días después.

Con el advenimiento de la II República la época de esplendor de este trasatlántico fue apagándose. En 1934 el “Manuel Arnús”, en plena crisis del Estado, actuó tristemente como cárcel flotante. El estallido de la Guerra Civil cogió por sorpresa a la embarcación, que en esos momentos se encontraba en Barcelona. En septiembre 1936 partió dirección La Habana, donde fue abandonado por la oficialidad quedando éste amarrado en aquel puerto durante un año y medio. Ante esta situación el buque fue internado. La colonia española de Cuba hizo todo lo posible para la recuperación del buque y una colecta superior a los 100.000 dólares, pero las gestiones judiciales efectuadas por los propietarios del buque nunca tuvieron éxito. A mediados de 1938 fue a Veracruz y allí fue incautado por el Gobierno Mejicano quien a su vez lo vendió al de los Estados Unidos. Finalmente, el 26 de octubre de 1946 el “Manuel Arnús” fue hundido como buque blanco en unas prácticas de bombardeo aéreo, según nos relata el blog “Vida Marítima”. Otro magnífico buque perdía la Marina Mercante española.

El "Manuel Arnús".
(VIDA MARÍTIMA)

FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA

-           El vapor correo y de crucero Manuel Arnús – Vida Marítima


-           Vicisitudes durante la guerra – Miguel Valverde Espín


-           De Sevilla  a  Nueva York – ABC de Madrid


-           Los barcos de Federico García Lorca – Bruno Alcaraz


-           VV.AA. Historia Gráfica del Puerto de Sevilla. Sevilla: Junta del Puerto de Sevilla.  Equipo 28, 1989.

viernes, 3 de octubre de 2014

LOS VIKINGOS TOMAN SEVILLA A SANGRE Y FUEGO

Marcos Pacheco Morales-Padrón

Grabado vikingo
(VIKINS LINE HISTORY)

A finales de agosto del 844 una flota de ochenta naves fue avistada en las costas de al-Andalus. Se trataba de los Nordumâni, los temibles vikingos. Dos meses más tarde, Sevilla ardía en fuego, sus habitantes eran pasados a cuchillo, violados y convertidos en esclavos.

La pregunta que todos los de la época se hicieron era: ¿quiénes eran los vikingos?

Estos temibles guerreros que llegaron por mar, eran un grupo étnico originario de Escandinavia. A su denominación más conocida se unían también las de varegos o normandos. No obstante, la palabra vikingos proviene del vocablo «Wik»,  que significa «hombres del norte» u «hombres del mar». Sus ataques y aparición en la escena política europea, ya que hasta entonces no se tenía conocimiento de ellos, dieron inicio en el año 793 con el saqueo del monasterio de Lindisfarne. A partir de ese periodo sus incursiones fueron frecuentes y llegaron a ocupar amplias zonas en Inglaterra, Irlanda y Francia, donde el rey galo entregó el feudo de Normandía a un caudillo vikingo a fin de que mantuviese alejados de sus costas a otros grupos de la misma etnia. Ejercieron una gran influencia en la historio europea y en torno al año 1000 intentaron asentarse también en Norteamérica.

Los vikingos divisan el continente americano
(WIKIPEDIA)

Es importante señalar que, dada la situación de la Península, ésta se halla en un punto clave para las comunicaciones marítimas, ya desde la Prehistoria, lo que ha facilitado ancestrales contactos con el mundo atlántico. Por otra parte, debido a la orografía, la cornisa cantábrica-atlántica peninsular ha estado muy volcada a dichos contactos.

Los autores que han estudiado las incursiones vikingas en la Península Ibérica distinguen claramente en ellas cuatro etapas y oleadas de las que dos de ellas se asomaron a la desembocadura del Guadalquivir.

Drakkar vikingo.
(LA PÁGINA DE LA HISTORIA)

Expulsados de Galicia, los vikingos continuaron hacia el Sur para continuar sus actos de piratería. A finales del año 229 de la hégira (agosto del 844), en las costas occidentales de al Andalus cincuenta y cuatro velas blancas fueron avistadas en el mar enfrente de la ciudad musulmana de Lisboa. Los normandos, o piratas vikingos de los que los andalusíes conocían historias, a través de los cristianos norteños y de los comerciantes, aparecían por primera vez ante sus ojos. Habían escuchado relatos que hablaban de ataques despiadados, muertes brutales, y un rastro de sangre a su paso, pero hasta entonces para todos ellos se trataba de cuentos que circulaban de boca en boca.

Guest from Overseas. Cuadro de Nicholas Roerich, 1901.
(WIKIPEDIA)

Los cronistas árabes que recogen el más terrible ataque normando contra al Andalus mencionan que el número de sus barcos rondaba los ochenta, de los que cincuenta y cuatro eran de grandes dimensiones y los otros restantes más ligeros. Conocedor de su mala fama, el gobernador de Lisboa, Ibn Hazm, luchó con ellos bravamente, rechazándole después de varios días de encarnizados choques. Apenas las velas desaparecieron en el horizonte, en dirección al sur, Ibn Hazm escribió una carta al emir de Córdoba ‘Abd al­Rahmân, en la que le informaba de estos sucesos y le advertía de la próxima aparición de las bestias del norte, si eran ciertas sus noticias y se disponían a golpear el sur.

En efecto, pasadas catorce noches del mes de Muharram del año 230 de la hégira (finales de septiembre de 844), los vikingos ya se habían apoderado de Qabpil, la Isla Menor, en Cádiz, y remontaban el Guadalquivir dispuestos a saquear y destruir Sevilla y aun la mismísima capital de al-Andalus si sus fuerzas se lo permitían. Cuatro naves se separaron de la flota principal, para inspeccionar el territorio hasta la localidad de Coria del Río, donde desembarcaron y dieron muerte a todos sus habitantes a fin de impedir que tuvieran tiempo de advertir a los suyos. El camino hacia su fortuna estaba libre.

Aún hoy en Coria se recuerda la masacre vikinga. Escudo de la localidad.
(WIKIPEDIA)

Apenas transcurridas tres jornadas desde su desembarco, los normandos decidieron remontar por fin el último tramo del Guadalquivir hacia Sevilla, conocedores de las riquezas que era fama se albergaban en esta ciudad. El uno de octubre del 844 d.C. los vigías de Sevilla divisaron los mástiles de los drakkars vikingos por el meandro de Los Gordales. Para entonces sus habitantes se disponían a la defensa solos, sin un caudillo militar claro que guiase su ejército, pues el gobernador de la ciudad les había abandonado a su suerte, huyendo a Carmona. Los musulmanes se encontraban, por tanto, a merced del peor de los enemigos.

Advertidos de esta deserción y de la escasa preparación militar de quienes se habían quedado a resistir su ataque, los hombres del norte marcharon con sus naves hasta los arrabales de la ciudad. Desde ellas, aprovechando su ventaja, dispararon sucesivas tandas de flechas contra los sevillanos, hasta romper su cohesión y provocarles el mayor desconcierto y miedo. Conseguido su propósito, abandonaron las embarcaciones para luchar cuerpo a cuerpo con ellos, seguros de su victoria.

Asedio vikingo de París, 885 d.C.
(FINE ART AMÉRICA)
La matanza y el saqueo duraron unos siete días. Una semana en la que los más fuertes huyeron, escapando cada uno por su lado, y los más débiles cayeron en las garras de los vikingos. Mujeres, niños y ancianos desvalidos fueron pasados a cuchillo y violados. A algunos de ellos se les perdonó la vida, aunque su destino era también estremecedor: la esclavitud. Sin respetar siquiera lo más sagrado, cargados con el botín y los prisioneros, regresaron a sus naves para volver al seguro campamento de Qabpîl. Durante las siguientes semanas se dedicaron a atacar a lugares más al interior como Córdoba, Morón, Constantina o Medina Sidonia, en Cádiz.

El número de embarcaciones que arribaron a Sevilla varía según los autores, pero en cualquier caso imaginamos que el volumen de la flota sería considerable, aunque no es probable que navegasen de un modo compacto, sino que varias flotas independientes se unirían para determinados ataques.

Drakkar varego.
             (GAENTADAVIAU)

Por tanto, destruyeron Sevilla, cuyos habitantes pidieron ayuda a Córdoba, donde Abd al-Rahman II reaccionó enviando un gran ejército. Tras varias semanas de correrías por la región, el 11 de noviembre, en la batalla de Tablada, las fuerzas del Emir vencieron a los vikingos. Aquella atroz derrota les supuso la mayor de las humillaciones que hasta entonces habían recibido. Sobre el campo de batalla quedaron más de mil cadáveres de normandos, y cerca de cuatrocientos fueron capturados para escarnio de todos. Mientras los supervivientes escapaban profundamente aterrorizados hacia sus naves, abandonando más de treinta embarcaciones en la huida, Ibn Rustum ordenó la decapitación ejemplar de los prisioneros supervivientes a la vista de sus camaradas. El fuego acabó sobre el Guadalquivir con las naves vacías mientras algunas de las cabezas cortadas eran enviadas al emir ‘Abd al-Rahmân y otras, clavadas en picas o en palmeras, permitieron saber a los sevillanos que su sufrimiento había llegado a su fin, que los asesinos de sus seres más queridos ahora les miraban desde las cuencas de sus ojos vacíos.

Varegos cargando.
(CASPER ART VIKINGAR)

El recuerdo de aquel oscuro episodio no terminó aquí. Las murallas de Sevilla fueron reforzadas y fortificadas, se repararon los daños causados por los normandos en las mezquitas, los baños y las casas. El puñado de hombres del norte que consiguió salvar la vida y escapó por tierra hasta Carmona y Morón, fue arrinconado por Ibn Rustum, que les forzó a rendirse y consiguió su conversión al Islam. Asentados en el valle del Guadalquivir, es fama que se especializaron en la cría de ganado y en la producción de leche y sus derivados y que sus quesos se convirtieron en más que famosos en aquellos tiempos.

Años después, en el 859, Sevilla volvió a sufrir un nuevo ataque, que terminó con el incendio de la mezquita de Ibn ‘Addabâs (actual iglesia de San Salvador). La respuesta del emir de al-Andalus fue dura y contundente: durante esos mismos años había ordenado la construcción de una flota de guerra capaz de frenar aquella amenaza y no dudaría en enfrentarla con los mejores marinos del Islam a quien se atreviera a atacar Sevilla. Cuentan las crónicas que juró arrasar sus bases y sus tierras del norte si osaban volver a derramar la sangre de un solo andalusí. Aquella advertencia parece que sí caló en el ánimo de los vikingos, pues durante largos años no se documentaron más strandhógg, como llamaban en su lengua a estas campañas de saqueo.

Desembarco vikingo.
(LA CULTURA VIKINGA)

El ataque de los vikingos a Sevilla quedó reflejado en distintas crónicas de la época en las que se narraban los hechos de armas en los que los musulmanes resultaron vencedores. Entre ellos cabría destacar las descritas en los siguientes versos:

“Dicen que han, llegado los normandos,
y yo digo: si quieren, me complace tengan a Nasr;
pues cierto está el lslorn de que sus espadas
protegerán su sagrado y arrancaran el descreimiento:
¡Cuánta víctima infiel fue inmolado por obra de su espada!
Pregunto por Tabladaan los osos y o los buitres.

El poema termina con el recuerdo del final de lo batalla:
Su espada cortó las carnes de los normandos,
lo tarde que lo encontraron, como lobos y buitres,
llevándose cabezas enarbolados en lanzos.
¡Qué hermoso espectáculo o los ojos de la gente!
El espanto al escuadrón de Nosr despeja la tierra,
cuando en el dio del estrépito viste de polvo.”

Curiosamente en 1992 con motivo de la Exposición del 92 iban remontar el Guadalquivir dos réplicas de drakkars vikingos el Oseberg y el Siga Siglar, que acabaron naufragando en Torrevieja, Alicante.

El Oseberg y el Siga Siglar que naufragaron.
(ESA SEVILLA)


FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA

-           Loa vikingos en al-Andalus – Jesús Riosalido


-           Las incursiones vikingas en la Península Ibérica – UAM


-           MACHUCA, J. Félix. Las edades de Sevilla. Sevilla: Jirones de Azul, 2008.

-           ABD AL-MALIK IBN, Al-kardabus. Historia de al-Andalus. Madrid: Akal, 2008.

-           El ataque vikingo a Sevilla – Grandes batallas de la historia


-           Los vikingos arrasan Sevilla – ABC de Sevilla